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13 mar 2016

DÍA 3 – Compras, Paseo barco Támesis, London Bridge.


Luego de desayunar partimos caminando hacía Oxford Street, conocida por ser una zona donde hay muchas casas de ropa para hacer compras. Vendría a ser como una “8 de octubre del primer mundo”. Caminamos bastante y recorrimos muchas cuadras, y también muchas casas de ropa. Yo me quedé en algunas afuera viendo pasar la gente, mientras Ceci y Sandra buscaban precios baratos adentro. Luego de eso fuimos nuevamente hacia el Támesis para hacer el paseo en barco. Recorrimos el río hasta la zona de London Bridge, el puente famoso de esta ciudad. Estuvo muy lindo el paseo porque teníamos una guía auditiva que nos explicaba cosas de la historia de los edificios que veíamos. El barco nos volvió a dejar desde donde salimos, así que recorrimos la orilla pero caminando esta vez, queriendo llegar al puente que habíamos visto. En el camino pasamos por el Museo de Londres, al cual entramos y pudimos ver algunas cosas del antiguo Egipto y de la historia de Londres. Seguimos camino y llegamos al famoso London Bridge, el cual cruzamos para sacarnos algunas fotos. Nos ataco el hambre así que al mejor estilo “Parque Rodó” nos comimos unos panchos gigantes debajo del London Bridge. Después de descansar un poco fuimos volviendo por la orilla y llegamos al Millennium Bridge, un puente bastante moderno que comunica las dos orillas del Támesis. Lo cruzamos y llegamos a “Tate Modern” que es el Museo Nacional de Arte Moderno. Como era gratis entramos, recorrimos un poco pero aprovechamos más que nada para descansar las piernas y robar un poco de WiFi. El edificio es viejo, pero todo remodelado por dentro, ya que es el edificio de la antigua central de energía de Bankside. De ahí caminamos por la parte sur del río hasta la estación de metro más cercana, y volvimos a la zona cercana al hotel de calles de comercios. Recorrimos algunas partes más y se nos fue haciendo tarde. Ya caída la noche salimos hacia el hotel para aprontar todo para partir hacia París.






DÍA 2 – Palacio Buckingham, Big Ben, Abadía Westminster.


En la mañana me quedé durmiendo un poco más ya que no podía levantarme. Ceci y Sandra salieron a caminar por los alrededores para aprovechar el día. Llegaron hasta el Palacio de Buckingham y pudieron ver el famoso cambio de guardia. Siguieron caminando por el St. James Park y como sin querer llegaron al Big Ben. Volvieron al hotel a buscarme para almorzar algo y volver a salir a caminar. Ahí hicimos casi el mismo recorrido para que yo pudiera ver todos esos lugares. Pasamos nuevamente por el Palacio de Buckingham, donde había quedado bastante gente en los alrededores luego del cambio de guardia. Habíamos atravesado el Hyde Park para poder llegar hasta allí, un parque muy lindo y muy grande donde había gente haciendo deporte, descansando sobre el pasto y alimentando a los patos que hay por los lagos. Luego pasamos por la Abadía de Westminster, que es una iglesia gótica muy famosa por ser donde se dan las bodas reales y por las coronaciones y entierros reales. Seguimos con destino al río Tamesis para llegar a ver el tan famoso Big Ben. Al llegar a una esquina cerca ya se podía apreciar el inmenso reloj, que es una de las torres del Palacio de Westminster, sede del parlamento del Reino Unido. Un edificio inmenso y hermoso, con una arquitectura que te deja mirándolo por mucho rato para ver cada rincón y sus esculturas. Tomamos las fotos correspondientes, y cruzamos hacia un puente donde había empresas que vendían paseos en barco por el Tamesis. Ya estaban cerradas porque era tardecita, pero los precios estaban a la vista así que decidimos cual íbamos a hacer al día siguiente. Recorrimos un poco la zona viendo el Big Ben y el Palacio desde diferentes puntos para sacar muchas fotos. Se hizo de noche y seguimos caminando sin rumbo, por el barrio, para conocer lo que fuera. Nos metimos en unas calles que no tenían nada de turístico, pero que eran lindas porque eran bien típicas londinenses. Mirando el mapa logramos caminar hasta la estación de metro más cercana para volver al hotel después de algunas combinaciones. Estaba fresco y no teníamos mucho abrigo, así que compramos algo de comida y fuimos a comer a la habitación y a preparar el segundo día de paseos por Londres.









27 feb 2016

Día 1 – Llegada a Londres



Nos despertamos cerca de las 4 a.m. para salir para el aeropuerto. Había llovido toda la madrugada y estaba muy oscuro todavía. Conchi nos llevó y al llegar al aeropuerto no sabíamos a que terminal debíamos ir ya que no teníamos esa información. Recorrimos la más normal de las terminales que supuestamente la gran mayoría de los vuelos salen de esa, y las pantallas no indicaban nada. Era evidente que esa no era, así que volvimos a subir al auto y fuimos hasta la otra. Bajamos corriendo a buscar las pantallas y tampoco, no aparecía nada. Ya entramos a dudar si teníamos bien el pasaje o si no le habíamos errado de fecha. Volvimos corriendo al auto, y solo nos quedaba una terminal, que no se usa mucho y que quedaba más alejada. Llegamos lo más rápido posible y muy nerviosos, buscamos la primer pantalla y por fin aparecía el vuelo nuestro. Problema resuelto, despedimos a Conchi y entramos a hacer los trámites para subir al avión. Ya en la sala de espera pudimos ver salir el sol atrás de los aviones, con un color naranja entre las nubes. 



El vuelo fue normal y en un rato estábamos en suelo londinense. Era increíble estar llegando a Londres, un lugar tan emblemático y con tanta historia de Europa. Llegamos y como no podía ser de otra manera, Londres nos recibió con lluvia. Estaba fresco, más bien tirando a frío y no teníamos mucho abrigo. Nos pusimos el único abrigo que teníamos y salimos a buscar la oficina donde íbamos a comprar la Oyster Card, para poder viajar en trenes, metros y buses. Luego salimos a la puerta a esperar el bus que nos llevara hacia el centro, ya que habíamos llegado a Gatwick, un aeropuerto menor en las afueras y al noreste de Londres. Llegamos y comimos algo en la estación de tren, que era inmensa y había mucha gente caminando para todos lados. Ya se podía ver que estaba todo muy ordenado y limpio, bien británico. Después de entender un poco los carteles, salimos rumbo a las escaleras que nos llevaron al metro. Debíamos ir al otro aeropuerto, Heathrow, donde llegaba Sandra, que nos iba a acompañar de ahora en adelante. La terminal del metro era mismo debajo del aeropuerto, así que fue bien fácil llegar. Esperámos un largo rato y por fin apareció Sandra caminando entre la gente. Había llegado sana y salva, y ya estábamos los tres juntos. Debíamos volver hacia el centro para ir a nuestro hostel. Todo venía bárbaro, después de algunas combinaciones de metro, estábamos llegando al barrio. Es muy fácil andar en metro en Londres, está todo muy señalizado, son rápidos, limpios y cómodos. Nos bajamos y arrancamos a buscar la dirección. Llegamos a unos edificios y era esa la dirección. Habíamos alquilado un apartamento por Airbnb que supuestamente estaba lindo. El barrio no nos gustó mucho pero bueno, había que ver el apto. Llegamos a la puerta y tratamos de entrar según las indicaciones del mail. Había que poner un código en una puerta para que nos diera la llave y poder entrar. No había ningún lugar para poner un código, y el edificio tenía más de una puerta. En la esquina empezaron a aparecer unas caras medias raras que nos veían ir y venir. Volvimos hacia la estación de metro a 4 cuadras para poder tener internet y comunicarnos con el dueño. Nunca contesto nuestros mensajes, así que volvimos a probar suerte al edificio. Esta vez alguien estaba entrando al edificio así que le pedí para entrar. Llegue a la puerta del apto pero estaba cerrado. Salí, y por la ventana de otro apto se asomó un muchacho, al cual con un inglés bastante básico le intentamos explicar lo que nos pasaba. El tampoco hablaba muy bien el inglés, entonces no entendíamos mucho. Resulto ser colombiano je así que ya en español le contamos mejor, y le pedimos la clave del wifi para probar hablar con el dueño nuevamente. A todo esto, arrancó a llover y se hacía de noche. No tuvimos suerte y volvimos hacia la estación de metro. Estuvimos buscando otros hostels u hoteles, pero eran todos carísimos y además íbamos a perder la plata de este que habíamos contratado. Volví por última vez en un intento de ver si podía entrar, y al llegar vi muchas caras raras en la puerta así que desistí de ese lugar. Fuimos a un bar en la esquina a tranquilizarnos y a poder usar el internet para seguir buscando otro hotel. Al final conseguimos uno, así que salimos nuevamente a la estación de metro para ir al nuevo hotel. Después de dos metros llegamos, muertos de cansados y deseando llegar de una vez por todas. El nuevo hotel quedaba en una zona muy linda y estaba bien de bien. No nos anduvo el internet ningún día, pero bueno, era mejor que no tener nada. Compramos algo para comer y a descansar ya que había sido un día muy largo y habíamos pasado mucho nervio. Yo me acosté y los nervios me jugaron una mala pasada, y pase vomitando toda la noche. En fin, no fue una gran llegada a Londres. Igualmente estábamos ahí, queríamos conocer esa hermosa ciudad, no nos íbamos a rendir tan fácil.



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